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Rocketman: merengue para la parroquia

María Guerra 17 mayo, 2019 2 5


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Vivimos tiempos empalagosos. El biopic es la nueva catedral que congrega a fieles dispuestos a pagar para comulgar juntos el éxtasis de la adoración musical. Rocketman es un gigantesco merengue que se ajusta a las grandes dimensiones del cine-religión actual. El director Dexter Flechter, que acabó Bohemian Rhapsody tras el despido fulminante de Brian Singer, firma con solvencia esta hagiografía de Elton John que interpreta con nota Taron Egerton.

Ante el vacío de estrellas y una sección oficial que todavía no levanta pasiones, Rocketman ha supuesto un chute de alegría para Cannes. Además, ayer estuvo el propio John (con unas gafas discretas), dejándose adorar por la plebe. Todo emocionado ante el acertado barroquismo de la biografía, que es literal en su vestuario fallero y francamente acertada en la inclusión de sus canciones como parte del musical con tintes de terapia de autoayuda. Un fantasía embriagadora que cuadra con la cascara del personaje.

La otra cuestión más comentada a la salida del pase ha sido la inevitable comparación con Bohemian Rhapsody. Las dos son rematadamente cursis y buenistas, ambas se quedan en la superficie de la estrella. Son santos de escayola siglo XXI para que las majors se forren en sus semanas santas respectivas. El Freddy Mercury de Rami Malleck está blanqueado en su homosexualidad y el de Elton John, es una babosa celebración de la redención del chico descarriado, que después de tantos excesos se convierte en un gran padre y esposo.

Hoy en la rueda de prensa, Bryce Dallas Howard – que interpreta a la gélida madre de John- decía que lo mejor de esta película es que el homenajeado no está muerto. Quizá sea esa falta de pudor es lo que da más repelús.

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