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Cine

Mientras Dure la Guerra, imperfecta pero extremadamente certera

María Guerra 21 septiembre, 2019


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Mientras dure la guerra quizá no sea la película más brillante de Alejandro Amenábar. Le falta riesgo visual y el guion tiene ramificaciones superfluas, pero su mirada certera sobre España prevalece sobre todos sus errores. Amenábar no se queda en la reconstrucción del mítico discurso “venceréis, pero no convenceréis” de Unamuno en el Paraninfo de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Su gran triunfo es tender un puente directo al tuétano del presente español, poner el espejo ante las entrañas del conflicto del 1936 y verlo reflejado en 2019. Son dos momentos en los que el verdadero diálogo político se desprecia, disentir se considera una traición, y cambiar de opinión y tener contradicciones te incapacita. Y no solo en la política profesional, sino en todos los niveles de la conversación social.

En este tiempo de convicciones petrificadas y miradas de desprecio, Amenábar agarra el toro por los cuernos: utiliza la figura de Unamuno, no para glorificarle, sino para reflexionar sobre el derecho a disentir, contradecirse y equivocarse. Un grandioso Karra Elejalde – contenido, pero visceral y venado- resucita el espíritu combativo y arrogante del intelectual vasco. La mirada tierna sobre Unamuno – el viejo león herido y superado por la brutalidad de los fusilamientos- llena de dignidad y acierto este largometraje que da un rotundo bofetón a los que intelectuales y políticos que nos dan lecciones cotidianas de política e historia.

Trailer de Mientras Dure la Guerra

Amenábar enfoca el gran momento de la derrota del relato franquista justo al principio de la guerra. Franco elige a Unamuno como su intelectual de cabecera, y a continuación, recibe la cuchillada mortal del “venceréis”. Poco importan los reproches puntillosos sobre la escena del Paraninfo. Unamuno impuso el inmenso poder de la palabra en aquel momento, su rifirrafe con Millán Astray, hundió el discurso franquista en el lodazal de la Historia. Y así lo ha contado Alejandro Amenábar.

Lo mejor que le puede pasar a una película es que se hable de ella, que provoque debate y hasta bronca. Mientras dure la guerra ha sido, desde luego, el temazo de este festival de San Sebastián donde partidarios y detractores se han fajado a fondo para celebrar o criticar la vuelta de Amenábar al cine español 15 años después de Mar Adentro.

Amenábar es un cineasta inesperado. Lo más interesante de su carrera es su imprevisibilidad. No tiene un planeta artístico y temático acotado. Sus 7 largometrajes han ido saltando de temas a universos diferentes en los que jamás repite sus obsesiones personales. Después de Tesis parecía que podía entrar en el mundo del género , pero saltó a la paranoia de Abre los Ojos y luego, a lo fantasmal de Los Otros. Mientras dure la guerra se relaciona con Mar adentro, Oscar a mejor película extranjera en 2004, en la hablaba del suicidio asistido mezclando lo legal, lo onírico y lo humano. En estas dos películas su principal valor es lo medular. Pero en su búsqueda de ir al meollo, su huella autoral ha ido desapareciendo. En Mientras Dure la guerra, ha dejado por el camino al cineasta más atrevido del principio, y se ha metido en terrenos más convencionales, visuales y narrativos. Los flash back de su felicidad juvenil y su vida familiar restan fuerza al personaje que no necesita más apuntalamiento sentimental.

En cambio, en la recreación de los tres primeros meses de la Guerra Civil, Amenábar ha hecho una magnifica pirueta al contar en paralelo la lucha de poder entre los generales alzados, y el golpe de mano que da el impenetrable Franco apoyado por sus fieles. Eduard Fernández defiende con destreza y oficio la interpretación del villano Millán Astray, y el actor Santi Prego da solvencia a un Franco hierático, muy lejos de la caricatura habitual.

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