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Día de Lluvía en Nueva York: Un Woody Allen cansado

María Guerra 11 octubre, 2019


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Woody Allen se merece el aplauso por anticipado en reconocimiento a su carrera, tal y como manda la liturgia de la música clásica. Ahora bien, Día de Lluvia en Nueva York es una obra muy menor del director de Annie Hall(1977), disfrutable para sus fieles más acérrimos, pero sin destellos, y a ratos, francamente aburrida. El propio Allen, lleva años contestando de forma rutinaria a la pregunta de por qué sigue dirigiendo una película al año: es terapia ocupacional, dice. Su elegante ironía y ausencia de solemnidad, dentro y fuera de la pantalla, relativiza la ingrata misión de tener que juzgar un patinazo de un genio de su talla, que lógicamente se repite, y en este caso, ha soltado las riendas de un guion que no levanta cabeza en ningún momento.

A sus casi 83 años, y con casi 50 largometrajes a sus espaldas, evidentemente ya no se espera una obra maestra de él, pero tampoco se descarta la sorpresa y algún descubrimiento: el toque Tennessee Williams de Wonder Wheel (2017), el amargo retrato de Blue Jasmine (2013) o la deliciosa nostalgia de Midnight in París (2011). Nada de esto ocurre en Día de Lluvia en Nueva York, donde el tedioso fin de semana del millennial pijo que interpreta Thimothée Chalamet junto a la princesita Elle Fanning, no consigue emocionar, no tiene reflexión alguna, ni siquiera despierta las risas que Woody Allen arrancaba a la parroquia prácticamente de oficio.

Habría sido maravilloso escuchar los afilados diálogos de Allen en boca de estos jovencitos de clase alta, abobados por su melancólico confort y asistir a una buena colisión intelectual con sus mayores: un apagado Liev Schreiber, en la piel de un director apático, y un esforzado Jude Law, haciendo de guionista angustiado y cornudo. Pero todo queda en un manido cruce de quejas lastimeras de los protagonistas masculinos y bobaliconas risitas de la Lolita de turno, que le ha tocado a Elle Fanning. Allen no muestra ningún interés en los veinteañeros del siglo XXI. No hay retrato, colmillo, ni intención. Una vez más, Allen obedece a su jefa de casting y tira de la estrella de moda para encarnar sus viejos fantasmas.

La llamada película maldita de Woody Allen, por la decisión de Amazon de no estrenarla en cines en muchos territorios, por las acusaciones de abusos sexuales de su hija Dylan Allen, es absolutamente prescindible.

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