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Cine

El Hoyo: Mazazo incontestable

María Guerra 8 noviembre, 2019


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No estamos ante un primerizo. A sus 45 años, el director Galder Gaztelu-Urrutia debuta en el largometraje con una obra de profunda madurez. El Hoyo es un prodigio de síntesis filosófica, política y artística. El argumento tiene ecos sartrianos: dos personas están encerradas en una celda-piso, en una cárcel vertical, donde una plataforma desciende una vez al día cargada de comida exquisita y se detiene solo dos minutos para que que cada preso engulla salvajemente todo lo que pueda, dejando a los prisioneros de los pisos inferiores con los restos. El infierno de Gaztelu-Urrutia no son los otros, sino uno mismo. Su protagonista, el actor Iván Massagué, interpreta a un interno atónito ante la crueldad del sistema y el egoismo inmisericorde de sus compañeros. El guion del dramaturgo David Desola y Pedro Rivero enfrenta al espectador con el individualismo mas primitivo, y la solidaridad auténtica -tan manoseada hoy en día- queda retratada como una esforzada anomalía. La puesta en escena aprovecha la claustrofobia del espacio de hormigón armado, trasciende lo teatral y consigue transportar al espectador a los confines de lo inhumano, que resulta ser lo más natural de nuestra especie.

El Hoyo… ¿Qué vamos a comer? Lo que les sobre a los de arriba

El Hoyo es un thriller distópico que comparte pulsiones con Snowpiercer y Parásitos de Bong Joon Ho. Además crea un universo visual de contrastes no trillados – gracias a la desasosegante fotografía de Jon D. Domínguez- y deja que los actores transmitan emociones esenciales, con primeros planos implacables que desvelan la fragilidad humana ante la arbitrariedad. Iván Massagué representa, con su casi transparente interpretación, un genuino brillo esperanzador en la selva de la supervivencia, mientras el veterano actor vasco Zorion Eguileor, es el pivote central, el ejemplo del egoísmo y la mediocridad sinceros, que mayoritariamente se comparte. Sus delirantes conversaciones se convierten en milagros artísticos que no ocurren todos los días.

Zorion Eguileor

En un dialogo central de la película se dice: “Hay tres tipos de personas: los de arriba, los de abajo y los que caen”. Gaztelu-Urrutia se centra en los de abajo y los que caen en ese hoyo-cárcel, fácilmente identificables con los perdedores sociales de la reciente crisis y con los mensajes de supervivencia neoliberal que han legitimado la exclusión. Pero lejos de quedarse en un simple alegato político, la reflexión sobre la miseria moral y la banalidad de este momento, se ejemplifica de manera brillante con la presencia de la comida, banquetes extremadamente lujosos aplastados por la hambruna de los presos. Lo que supone una certera burla de la nueva sociedad Master Chef, fascinada por el lujo y la gastronomía de autor que ignora completamente la razón primigenia de la comida.

El Hoyo es una cinta perturbadora y violenta, ganadora inapelable de Sitges. La aparición en los grandes festivales de un cineasta a la vez debutante y veterano como Gaztelu-Urrutia, es una gran noticia para el cine español, pero también una tragedia porque nos hace preguntarnos por su misma ausencia anterior. Y nos recuerda a grandes artistas que se han quedado en el hoyo de la crisis sin que hayamos tenido la posibilidad de conocerlos.

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