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Cine

Un Mundo Normal. El regreso sentimental de Achero Mañas

María Guerra 23 agosto, 2020 1 5


Fondo
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Diez años después de su último largometraje Todo lo que tú quieras (2010), el director del El Bola (2000) y Noviembre (2003) vuelve al cine con esta road movie familiar, cargada de destellos y baches, en la que brilla por encima de todo un impresionante Ernesto Alterio. Un Mundo Normal nace de una petición de la propia madre de Mañas, la actriz Paloma Lorena, que desde hace tiempo le ha pedido insistentemente que al morir arroje su cadáver al mar sin incinerar. Este encargo tan surrealista es el motor del viaje que emprenden juntos los personajes Ernesto Alterio y Gala Amyach, actriz debutante e hija de Achero Mañas.

Un Mundo Normal

Sin ser literalmente autobiográfica, empezando porque su madre está viva, Achero Mañas reconoce que ha utilizado su experiencia familiar para hacer una fábula catártica sobre la singularidad. Hoy decía el director en el Festival de Málaga: “No debemos renunciar a nosotros mismos para vivir en comunidad. No hay reconciliación entre lo común y lo particular sin un diálogo continuo”.  Ernesto Alterio interpreta a su alterego, un director teatral en horas bajas que tras la repentina muerte de su madre – una rotunda anciana que interpreta Magüi Mira- roba el cadáver de la difunta y se lanza a la carretera para cumplir su deseo de yacer en el fondo del Mediterráneo. En esa aventura tragicómica, se despliega un emocionante encuentro de madurez y aceptación entre padre e hija.

Desde El Bola, Achero Mañas no había construido un personaje tan auténtico como el que hace Ernesto Alterio en Un mundo Normal. Y eso que se trata de un estereotipo masculino muy trilllado narrativamente: el del artista paralizado por el temor al fracaso profesional, hundido por la separación y sumido en una crisis de autocompasión parece abocado al batacazo seguro. Pero no. Mañas consigue situar a Alterio en un tono vital de fragilidad tan tierna como patética, donde su expresión corporal, su mirada alucinada y su desolación están repletas de verdad. También sabe recoger su angustia la joven Gala Amyach, que entra en ese clima emocional milagroso sin romper el sortilegio.

Los baches de Un Mundo Normal están en un exceso de situaciones edulcoradas y unos diálogos pomposos, excesivamente literarios. Sin embargo, prevalece el milagro de la interpretación y la propuesta emociona.

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