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Kurzel y Lafosse: dos reflexiones sobre la enfermedad mental cierran Cannes

María Guerra 16 julio, 2021


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Una vez más, se cumple la regla no escrita en los festivales de dejarse para el final un par de cargas de profundidad. Hoy queda vista para sentencia una sección oficial excesivamente amplia, de buen nivel pero sin mirlo blanco. Cannes ha hecho gala de su bulimia y brutal capacidad de convocatoria, ha sacado músculo ante Venecia -que se llevará las grandes películas de Hollywood- pero en la Croisete han querido dejar claro que los autores prefieren quedarse sin premio, pero dejar en su película impreso el sello de Cannes para la posteridad.

Dos películas notables sobre la enfermedad mental y sus consecuencias han cerrado la competición: Nitram del australiano Justin Kurzel (Los asesinos de Snowtown, Macbeth, La verdadera historia de la Banda de Kelly) y Les Intranquiles de Joaquim Lafosse (Después de nosotros, Perder la razón, Propiedad privada).

Kurzel revisita en Nitram la historia de un tiroteo que sacudió Australia en 1996. Y en lugar de hacer una reconstrucción al uso, se centra en la cotidianidad del protagonista, un joven con problemas mentales en un momento en el que ni sus padres ni la sociedad estaban atentos a las personas con discapacidad. El protagonista es Caleb Landry Jones, que interpreta a un veinteañero que camina con paso firme sobre el abismo de un personaje entre tarado y tierno. La inmensa Judy Davis le da la réplica como su madre, entre adusta y sobrepasada por la enormidad de la tragedia que le supone lidiar con un hijo adulto tan siniestro, que además evoluciona de víctima a verdugo en un crecendo fascinante y aterrador.

El gran valor de Nitram es la portentosa contrucción de su protagonista y un guion que va esquivando tópicos, que deja crecer al personaje hasta el punto de atraparnos y quedar fascinados por él. Mientras Nitram se dirige hacia el desastre, emerge la negligencia del sistema del control de armas australiano. Es una película con varias caras, desde luego la representación que propone de la enfermedad mental es un viaje poético que desborda la literalidad.

Igualmente angustiosa es Les Intranquilles del belga Joaquim Lafosse, la descripción de las diferentes fases de bipolaridad de un pintor (Damien Bonnard) y el coste emocional en su mujer (Leïla Bekhti) y su hijo. El argumento es una obsesión del director, cuyo padre padeció esa enfermedad, y desde luego ha sabido trazar las subidas y bajadas emocionales, los brotes psicóticos, las noches sin dormir y el cansancio descomunal de los que le rodean, que llega un momento en el que no pueden distinguir al padre de la enfermedad misma.

Damien Bonnard en Les Intranquilles de Joaquim Lafosse

Le sobra a Les Intraquilles una mirada algo repelente sobre el artista y su obra. Lafosse ha querido hacer su versión particular de Turner (2014) y de La Bella Mentirosa (1991) de Jacques Rivette. Ese empeño estéticista desvía la atención de lo que verdaderamente importa en Les Intranquilles: el sufrimiento de saber que la enfermedad siempre permanecerá.

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