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Cine

LA MATERNAL. Las niñas no deben ser madres

María Guerra 20 septiembre, 2022


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La Maternal da miedo por el horror que nos ahorra. Da miedo por la ternura con la que retrata a las madres adolescentes de un centro de acogida de Barcelona. Da miedo porque Pilar Palomero se ha cuidado de mostrar toda la violencia que palpita detrás de los vientres de esas niñas de 14 años embarazadas. Esta película se asoma al abismo de la marginación en el que viven estas crías, y en lugar de mostrar el rosario obvio de los horrores por los que pasan, la directora zaragozana nos lleva por el camino del amor, sin necesidad de bajar al infierno de la literalidad. Algunos han dicho que es almibarada. En mi opinión, utiliza la esperanza para dotar a sus protagonistas de dignidad.

Después de obrar el milagro de Las Niñas (2020) – donde muchas mujeres reconocimos la salida del cascarón propio y ajeno- Pilar Palomero vuelve a demostrar su genialidad a la hora de dirigir a preadolescentes. Capta como nadie en el cine español, ese instante en el que la niñez entra en el pantanoso territorio de la sexualidad y sus consecuencias. En Las Niñas fue la actriz Andrea Fandos, y en La Maternal es la niña Carla Quílez la que se entrega como médium a la tremenda historia de ser hija de una madre adolescente y repetir el mismo viaje.

La Maternal de Pilar Palomero

El pase de público de La Maternal en el Kursaal ha sido delicioso. Había un rumor de emociones, de risas y complicidades, que traspasaban la pantalla, porque de temas de familia entendemos todos. En esta película, la realizadora ha buscado el realismo del tono documental, y lo ha combinado con la mirada benévola de hada madrina sin hacer un pastelón.

Palomero quiere borrar la sordidez. Ha apuntado solamente los trágicos problemas de convivencia que deben surgir en estos centros con el acierto de contar con madres jovencísimas que dan solidez a la historia. La única actriz profesional que sostiene la mirada a las intérpretes naturales es Ángela Cervantes, enorme en un personaje muy bien escrito.

La Maternal perturba por su realismo: es un mazazo descubrir el analfabetismo sexual en el que viven los menores más desfavorecidos. También, se intuye un cierto riesgo a convertirse en un instrumento de los movimientos pro-vida. La mayoría de las madres adolescentes reconocen de pasada que ya era demasiado tarde para abortar cuando confesaron su embarazo. De hecho, en el Festival de San Sebastián una de las jóvenes madres que han participado en la película han querido dejar claro este mensaje: que las niñas embarazadas lo digan cuanto antes y que se enfrenten al estigma. Como dice mi amiga Mariaje González Flor: las niñas no deben ser madres.

Otro de los aspectos que cruza lo cinematográfico con lo político es su viaje a Jamón Jamón, el homenaje que le rinde a Bigas Lunas. Convierte a Ángela Cervantes y Carla Quílez, las dos protagonistas de La Maternal, en herederas del personaje de Penélope Cruz e imagina que son hija y nieta de aquella mujer que Bigas nombró en los créditos como «La hija de la Puta». Las escenas del restaurante que regenta Ángela Cervantes se han rodado en Los Monegros, en el mismo local donde Bigas rodó aquella historia de mujeres marcadas por exclusión social y la maternidad prematura.

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